Capilla del Monte atraviesa uno de los momentos más tensos de los últimos años en materia de seguridad. En los últimos meses, los vecinos aseguran que la localidad se ha visto “desbordada” por una seguidilla de asaltos, robos domiciliarios, autos dañados y hechos de violencia que alteraron la vida cotidiana y encendieron un fuerte reclamo comunitario.
La sensación general es de hartazgo. Familias que históricamente dejaban sus puertas sin llave hoy instalaron rejas, cámaras, alarmas y grupos de vigilancia que a veces no logran ser suficientes. Comerciantes que antes trabajaban con tranquilidad ahora cierran más temprano o incorporan medidas de seguridad adicionales. La frase que más se repite es “Esto antes no pasaba”.
En varios barrios se reportaron casas desvalijadas en plena tarde, robos a transeúntes y daños a vehículos estacionados. Algunos vecinos denuncian que los delincuentes actúan con total impunidad y que, aun cuando se realizan denuncias, las respuestas tardan o no llegan.
El malestar se hace especialmente visible en el grupo de WhatsApp vecinal destinado a debates y opiniones, que en los últimos meses se transformó en un verdadero espacio de catarsis colectiva. Allí circulan relatos, videos, advertencias y pedidos desesperados de ayuda. “Ya no sabemos qué hacer. Cada día alguien cuenta que le entraron a robar, que le rompieron el auto, que golpearon a un vecino. Estamos solos”, escribió una vecina. Otro vecino expresó: “Sentimos miedo, bronca e impotencia. No podemos vivir encerrados y tampoco podemos salir tranquilos”.
A pesar de que la policía de Capilla del Monte mantiene cierta cercaníacon la comunidad, participa en grupos vecinales y realiza operativos preventivos, gran parte de la población considera que las acciones no alcanzan. “La policía está, responde mensajes, pero la realidad es que los hechos siguen creciendo. Si hay presencia, no se nota”, comentó un comerciante del centro.
Otros vecinos, sin embargo, reconocen el esfuerzo de las autoridades policiales pero creen que el problema excede la capacidad local: “Los móviles vienen, los agentes se acercan, pero son pocos para cubrir tanta zona. Falta personal, falta equipamiento. Así no pueden controlar nada”, opinó una residente del centro.
En medio de este clima de malestar generalizado, la Municipalidad de Capilla del Monte presentó el Proyecto de Presupuesto y Tarifaria 2026, un punto que reavivó la discusión vecinal. Dentro del proyecto se incorpora la Contribución Guardia Urbana, un monto fijo mensual de $2.000 por cuenta, destinado al financiamiento de la central de monitoreo, el sistema preventivo Ojos en Alerta, el patrullaje permanente y la ampliación del sistema de cámaras y alarmas comunitarias.
Sin embargo, lejos de generar tranquilidad, la novedad despertó un rápido descontento entre los vecinos, que cuestionaron que en un contexto de creciente inseguridad se les solicite un aporte adicional.
En el grupo vecinal, las críticas fueron inmediatas: “Nos piden más plata cuando ni siquiera pueden controlar los robos actuales”. Otro vecino agregó: “Primero que funcionen las cámaras que ya tenemos, después hablamos de poner más”.
Muchos vecinos consideran que la contribución debería ser discutida en profundidad y que la Municipalidad debe demostrar resultados concretos antes de sumar nuevas cargas económicas. Otros, por el contrario, creen que toda inversión en seguridad es necesaria, pero coinciden en que la comunicación del proyecto fue deficiente y llegó en el peor momento, cuando la preocupación está en su punto más alto.
Mientras tanto, la comunidad sigue exigiendo respuestas claras, acciones contundentes y un plan real que devuelva la tranquilidad que durante años caracterizó a Capilla del Monte. Para la mayoría de los vecinos, el tiempo de esperar “a ver si mejora” ya se agotó.