Ansiedad: la enfermedad del siglo XXI y el desafío de volver a sentir. 

Por Lic. En Psicología Andrea Verónica Farrando Delogu. Coah life. Especialista en PNL ( programación neurolingüística)

La ansiedad es una respuesta natural del cuerpo y la mente frente a una situación que percibimos como amenazante. En su justa medida, es útil, nos prepara, nos activa y nos ayuda a reaccionar. El problema aparece cuando se vuelve constante ,intensa y difícil de controlar. Hoy en día muchos profesionales coincidimos en qué es “la enfermedad del siglo XXI” ya que atraviesa adolescentes, niños y adultos por igual.

En términos simples ,la ansiedad es vivir demasiado en el futuro, preocupados demasiado por lo que puede suceder, imaginando escenarios negativos, dándole vueltas situaciones que nunca ocurren. Desde la psicología autores como Aarón T. Beck explica que esto sucede porque tendemos a sobreestimular los peligros y sobreestimar nuestra capacidad de enfrentarlos. A su vez, David H.Barlow, señala que la dificultad para tolerar la incertidumbre es una de las bases de la ansiedad.

Podemos definir la ansiedad como un torbellino que se instala en nosotros sin pedir permiso, apretando el pecho y acelerando los pensamientos. Es vivir siempre un segundo más adelante, como si el presente nunca fuera suficiente y el futuro estuviera por desmoronarse. La ansiedad llena la mente de “y si…”construyendo escenarios que nunca ocurren, pero qué pesan como si fueran reales. Es sentir que todo ocurre más rápido de lo que pueda alcanzar ,incluso cuando el cuerpo queda quieto. Es el peso de la hiperconciencia ,una sensibilidad extrema que detecta hasta el mínimo cambio y la transforma en preocupación. Pero también es evidencia de que te importa, de que intentas estar preparado para la vida, aunque en el proceso olvides que parte de vivir, es aprender a soltar lo impredecible.

Adultos: vivir en piloto automático.

En la actualidad, es muy común ver adultos” vivir en piloto automático” trabajar, cumplir ,sostener responsabilidades, pero no disfrutar nada. La ansiedad aparece asociada a la autoexigencia, al estrés y a la sensación de nunca es suficiente. Vivimos en una cultura donde todo es urgente, inmediato y comparativo. Frenar o descansar muchas veces genera culpa. Pero cuando el adulto no se detiene, no solo se desconecta de sí mismo, sino también de quienes lo rodean.

Niños: lo que sienten cuando no son escuchados.

Los niños también sufren ansiedad, aunque muchas veces no puedan ponerlo en palabras. Son profundamente sensibles al entorno emocional, percibentenciones, silencios, distancias, incluso cuando nadie los nombra.

En muchos casos,, los adultos, atravesados por el cansancio, el estrés y múltiple factores y demandas, terminan estando físicamente presentes pero emocionalmente ausentes. Sin embargo, pero con impacto, se va perdiendo algo fundamental: la conexión. Hoy es frecuente que, ante la falta de tiempo o energía, aparezcan recursos que “calman rápido” (como el acceso de pantallas o dispositivos) pero que no reemplazan la mirada, la escucha ni el encuentro.

El niño no necesita solamente ser cuidado: necesita ser visto, escuchado y sentido. Cuando esto no sucede aparece inseguridad, inquietud, irritabilidad o angustia, que muchas veces se expresa como ansiedad. Por eso, es importante poder corrernos de la lógica del “hacer” constante para dar lugar al “estar”: preguntar cómo se sienten, validar lo que les pasa, compartir tiempo de calidad, aunque sea breve pero genuino.

Adolescentes: entre la soledad y la necesidad de pertenencia.

La adolescencia es una etapa de construcción de identidad, pero también de gran vulnerabilidad emocional. Hoy, muchos adolescentes crecen con adultos que están bien están desbordados o desconectados. Esto puede generar sensación de soledad, incluso dentro de la propia casa.

A la vez, aparece una fuerte presión externa: encajar, pertenecer, ser aceptados. Se comparan constantemente y muchas veces intentan adaptarse a lo que creen que los demás esperan, dejando de lado lo que realmente sienten.

Cuando no encuentren espacios seguros donde expresarse sin ser juzgados, la ansiedad aparece aumentada, y nuevamente el rol del adulto aquí es clave: no desde el control sino desde la presencia. Escuchar sin minimizar, acompañar sin invadir, y estar disponibles emocionalmente puede marcar una gran diferencia.

Cuando la ansiedad se vuelve cuerpo.

La ansiedad no sólo se piensa, también se siente en el cuerpo. Palpitaciones, falta de aire, presión en el pecho, mareos y hasta la sensación extrema de que nos vamos a morir. Estos son algunos de los síntomas más frecuentes de los ataques de pánico o ataques de ansiedad. Es importante entender que los síntomas se sienten como reales en el cuerpo pero solo son productos de nuestra mente que es quien los provoca. Aunque asustan, no son peligrosos. Son una señal de que algo interno necesita ser atendido.

Qué podemos hacer ?

No se trata de eliminar la ansiedad por completo sino de aprender a escucharla y a regularla. Algunos pasos importantes a tener en cuenta, para aprender a gestionar la ansiedad:

  • Aprender a frenar y hacer pausa.
  • Conectar con el presente con métodos como la respiración consciente o la meditación,nos ayudan a situarnos en el aquí y ahora.
  • Hablar de lo que nos pasa.
  • Pedir ayuda cuando no podemos solos.

A modo de conclusión y de cierre es importante saber que la ansiedad no es solo un problema individual. Como adultos, no solo somos responsables de nuestro bienestar, sino también del entorno emocional que generamos para los niños y los adolescentes. En un mundo tan acelerado, volver a mirar, escuchar y conectar se vuelve fundamental. Porque no se trata de “funcionar”, si no de poder vivir, y ayudar a vivir, de una manera más saludable.

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