El partido PRO atraviesa un momento complejo marcado por críticas internas fuertes y divisiones visibles tanto a nivel nacional como en Córdoba.
La estrategia electoral y las alianzas con sectores como La Libertad Avanza (LLA) despiertan rechazo en dirigentes históricos y referentes partidarios.
Desde distintos sectores, exfuncionarios y referentes como Esteban Bullrich y Juan Carlos Villalonga critican que el PRO perdió su rumbo original y deriva hacia un populismo de derecha que prioriza la Ciudad de Buenos Aires sobre las demandas del interior del país.
Reprochan además concesiones electorales consideradas humillantes en acuerdos con LLA y decisiones que han impactado negativamente en conquistas sociales, como la defensa de los derechos de personas con discapacidad.
Estas críticas han sido públicas y han tensado la interna, dejando al partido al borde de una ruptura en varias provincias.
En Córdoba, la figura de Oscar Agost Carreño viene siendo foco de polémicas y cuestionamientos. El diputado nacional y presidente local del PRO provocó malestar al integrarse al bloque del exvicepresidente Miguel Ángel Pichetto, rompiendo con la línea oficial del partido en ciertos temas claves.
A pesar de las críticas, Agost Carreño defiende su postura señalando que actúa con convicciones y representa las banderas históricas del PRO sin deber sus cargos a Mauricio Macri sino a sus afiliados.
Asimismo, cuestiona a quienes dentro del partido dejaron «las banderas del PRO» de lado, y denuncia que el espacio está fragmentado e inmerso en disputas internas que afectan su funcionamiento.
Estas tensiones no solo reflejan una crisis de liderazgo sino también la dificultad de definir una estrategia clara ante el avance de sectores como La Libertad Avanza y la necesidad urgente de recomponer la identidad partidaria.
El PRO enfrenta un desafío clave en la consolidación de su espacio político, equilibrando internas regionales, manteniendo su base electoral y gestionando alianzas polémicas que ponen en riesgo su futuro electoral.
Esta coyuntura podría marcar un antes y un después para el partido amarillo, que necesita urgentemente diálogo y definición política para superar sus fracturas y responder con unidad a los exigentes contextos electorales y sociales que enfrenta Argentina hoy.