El Merendero Santa Cecilia en Giardino: un ejemplo de amor, compromiso y esperanza comunitaria

En el corazón del Valle de Punilla, en la localidad de Giardino, un grupo de vecinos decidió hace siete meses transformar la empatía en acción. Lo que comenzó como una pequeña iniciativa vecinal, impulsada por el deseo de ayudar al prójimo y hacer frente a las necesidades más urgentes del barrio Santa Cecilia, hoy se ha convertido en una verdadera red solidaria que alimenta, abriga y contiene a cientos de familias.

El Merendero Santa Cecilia nació desde la voluntad de un grupo de personas que no quisieron mirar hacia otro lado ante la realidad de muchos niños y familias que enfrentan carencias diarias. La idea inicial fue sencilla pero poderosa: ofrecer meriendas y actividades deportivas gratuitas para los más pequeños del barrio. Con el tiempo, esta iniciativa fue sumando corazones, voluntades y sueños, hasta convertirse en un proyecto social que trasciende fronteras y transforma vidas.

Una tarea que nació del corazón

Todo comenzó cuando algunos vecinos propusieron organizar clases gratuitas de fútbol infantil. “Unos dijeron de empezar a dar fútbol gratis para los niños y niñas… y otros dijimos: daremos la merienda”, cuentan los organizadores. Así, junto al deporte y la contención emocional, nació el ropero comunitario, que desde entonces ha vestido a decenas de chicos y chicas, permitiéndoles asistir a clases con abrigo, calzado, mochilas y útiles escolares.

Durante el receso escolar, los integrantes del merendero se enfrentaron a una pregunta que los impulsó a ampliar su compromiso: ¿qué pasará con las familias que sólo cuentan con el Paicor durante las vacaciones? La respuesta fue inmediata y solidaria. Comenzaron a preparar viandas de comida no sólo para los vecinos del barrio Santa Cecilia, sino también para otros sectores cercanos como La Higuerita, Portecelo, Molino y Huerta Grande.

El primer día entregaron 170 viandas, y en apenas dos semanas esa cifra creció a más de 900 comidas distribuidas. Fue entonces cuando comprendieron la magnitud de la necesidad y decidieron “ir por más”.

Una comunidad que se une

El trabajo constante, la transparencia y la calidez de la iniciativa hicieron que más personas quisieran sumarse. Comerciantes, familias y voluntarios comenzaron a colaborar de distintas maneras, donando alimentos, ropa, calzado o simplemente tiempo y manos dispuestas a ayudar.

El Día del Niño fue uno de los momentos más emocionantes para el grupo. Lograron organizar una gran celebración que reunió a más de mil personas, con shows musicales, juegos y una merienda compartida. Se entregaron 400 juguetes y golosinas, y cada familia pudo disfrutar de una tarde de alegría, unión y esperanza. “Dimos la merienda a todas esas familias, snack y más, libre, repitiendo las veces que quisieran”, relatan con orgullo.

Desde entonces, cada sábado el merendero abre sus puertas para ofrecer la merienda a todos los niños y familias del barrio. Además, el ropero comunitario continúa en funcionamiento, y la ropa donada que no se utiliza en el lugar se hace circular hacia otros puntos del valle donde también hay necesidad.

La escuelita de fútbol también creció, y hoy participan chicos y chicas de distintos barrios. El deporte se convirtió en una herramienta de inclusión, compañerismo y esperanza, reforzando el sentido de pertenencia y la autoestima de los más pequeños.

A puro pulmón y con el corazón

Detrás de todo este trabajo no hay ninguna institución política ni financiamiento estatal. El Merendero Santa Cecilia se sostiene exclusivamente con el apoyo de la comunidad, gracias a personas y comercios locales que colaboran de manera desinteresada.

“Todo esto lo hacemos a puro pulmón, con compromiso y dedicación. No recibimos ayuda de ningún lado, solo de gente que no mira a un costado”, expresan los voluntarios. “Cada granito de arena hace posible esto. Nosotros damos todo: buscamos donaciones, coordinamos, cocinamos, y lo hacemos con amor”.

Esa dedicación permitió también cumplir otros sueños. Recientemente, el grupo logró entregar 14 camas a familias que no tenían dónde dormir. Además, participaron en la asistencia a bomberos durante el último incendio en Giardino, cocinando para más de 100 servidores públicos que combatieron el fuego. “Era nuestra forma de devolverles un poco de todo lo que ellos hacen por nosotros”, cuentan emocionados.

Un espacio para crecer y soñar

El merendero funciona en un espacio municipal, que por ahora cuenta con techo y piso —este último realizado gracias al trabajo voluntario de los vecinos—. Sin embargo, el grupo tiene la mirada puesta en el futuro y está llevando adelante una campaña para reunir materiales con el fin de terminar el lugar y transformarlo en un centro comunitario con múltiples propósitos.

El sueño es grande: allí planean abrir una escuela de oficios, ofrecer talleres culturales y de capacitación, y contar con un comedor comunitario permanente. Además, quieren construir su propia cancha de fútbol, para que los chicos tengan un espacio digno donde practicar y crecer en valores.

“Estamos en campaña de buscar los materiales para poder terminarlo. Contamos con la ayuda de los vecinos para la mano de obra, y sabemos que con el esfuerzo de todos lo vamos a lograr”, aseguran con esperanza.

La recompensa: sonrisas y comunidad

Cada sábado, el merendero se llena de risas, juegos y abrazos. Los niños se llevan su merienda y también una bolsa extra para el domingo, garantizando así otro día de alimento y alegría.

“Ver a los niños felices, a las familias unidas y compartiendo nos llena el alma. Lo que para muchos es poco, para ellos es muchísimo”, expresan los voluntarios.

El trabajo del Merendero Santa Cecilia es, sin dudas, un ejemplo de cómo la solidaridad puede transformar realidades. En un contexto donde las necesidades abundan, este grupo de vecinos demuestra que la unión y la empatía pueden más que cualquier dificultad.

“Estamos felices por lo que hacemos. Cada logro no es nuestro, sino de todos los que necesitan. Es simplemente no mirar a un costado, sino al frente, ayudando y haciendo. Cuando uno obra bien, Dios compensa”, dicen con gratitud.

El Merendero Santa Cecilia sigue creciendo día a día, sostenido por el amor, la fe y el compromiso de una comunidad que se niega a rendirse. Su meta es clara: seguir ampliando su labor solidaria para llegar a más familias que lo necesitan, y demostrar que cuando el corazón se pone en movimiento, los milagros suceden.

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